Un mundo aparte se despliega ante nosotros en el mismito instante en el que traspasamos las puertas del Don Carlos Marbella. Antes, claro, hemos conducido por la abarrotada N-340, tomándole bien el pulso a este paraíso llamado Costa del Sol. El cielo luce límpido sobre nuestras cabezas: ni rastro de nubes allá arriba. En su lugar, el astro rey brilla en todo su esplendor.
Apenas nos da tiempo a sacar del bolso el DNI para el check-in, cuando el atento personal ya se ha encargado de entregarnos un refrescante cóctel de bienvenida con el que poner remedio a las altas temperaturas. En efecto: hemos llegado al gran referente del hospiltality marbellí. Al icónico alojamiento de lujo cinco estrellas que lleva siendo seña de identidad de este pedacito de sur desde que abriera sus puertas en 1969, que ya es decir.
Las pulsaciones se rebajan tan pronto miramos a nuestro alrededor: la luz, esa que derrocha esencia y alma mediterráneas, lo invade todo aquí. Por fin estamos en el exclusivo hotel que, tras una reforma integral de sus espacios que lo ha mantenido alejado de los focos durante más de año y medio, ha regresado con más fuerza que nunca. También con más ímpetu y energías, elegancia y sofisticación: el Don Carlos Marbella, que reabre oficialmente sus puertas este 1 de julio, ha llegado dispuesto a demostrar que, para deleite de todos, en sus entrañas aguardan mil y una sorpresas. Ahora nos toca descubrirlas mientras disfrutamos de este refugio en la Costa del Sol.
POR QUÉ RESERVAR
Porque —ejem— hablamos de verano y de Marbella, ¿hace falta que te digamos algo más? Pues espera, que sí. Que la lista de razones es larga, ya te lo avisamos. Empezando porque no queremos perdernos ni una de todas las novedades que trae consigo la reapertura de este símbolo del lujo marbellí, una de las más esperadas, ya no a nivel nacional, sino de toda Europa. También porque hospedarnos en un lugar con tanta historia acumulada, tanta solera aferrada a sus paredes y tanto glamur, es de lo más tentador: el Don Carlos Marbella, con su reaparición estelar, se ha convertido en el place to be de la Costa del Sol este verano. ¿Qué más se puede pedir?
Pues pedimos la elegancia más sublime, plasmada en los estilosos muebles y textiles de sus 308 habitaciones, suites y residences; en los jarrones que desbordan de coloridas flores y en ese aroma tan agradable, tan particular, que desprenden sus espacios comunes. Nuevos aires que han llegado de la mano del prestigioso interiorista Jaime Beriestain, encargado del ambicioso proyecto que ha sabido transformar, de manera sublime, un Hotel Don Carlos de corte más clásico, en un Don Carlos Marbella con una renovada imagen de marca que abraza las tradiciones desde una perspectiva rompedora.
Pero también hay que reservar tiempo para disfrutar de un enclave que alardea como pocos de una ubicación incomparable a pie de playa —y no una cualquiera, no, sino de la de Elviria, la más deseada de toda la costa—. Un espacio dotado de 20.000m2 de exuberantes jardines tropicales en los que perdernos si así se nos antoja. También deseamos recrearnos en su tentadora oferta gastronómica, en sus piscinas y en su renombrado spa, abanderado por Natura Bissé. Tener hueco para entrenar —y estrenar— su novedoso Rafa Nadal Tennis Center, el primero de España, y para dejar pasar las horas mientras perfeccionamos el vuelta y vuelta bajo el sol en uno de sus beach clubs.
Y es que Don Carlos Marbella es ese refugio del lujo con el que todos soñamos. Ese oasis en medio del bullicio al que escapar para entregarnos al deleite más absoluto. Es la oportunidad de vivir una experiencia única en un lugar incomparable. ¿Te hemos convencido ya? Pues anda, ve reservando.
LA HISTORIA
Para hablar de los orígenes del Don Carlos Marbella primero tenemos que rebobinar hasta la década de los 60. Corría 1969 cuando el hotel era inaugurado bajo el sello de la cadena Hilton, curiosamente la última apertura de la marca a la que el mismísimo Conrad Hilton asistió en persona. El éxito fue rotundo hasta el punto de que la empresa americana se mantuvo en lo más alto de la oferta de la zona durante cinco décadas, asentando el Don Carlos como uno de los emblemas de la hotelería de lujo en el sur.
De marcada estética setentera, si hay algo que destaca del edificio es su torre principal. Una construcción de 14 plantas de altura que supuso toda una revolución en la época: significó la apuesta en firme de la Costa del Sol por un tipo de alojamiento que albergara un mayor número de habitaciones, lanzando un claro mensaje de bienvenida al turismo. Así, hablar de Marbella ha sido, durante muchos años, hablar del Hotel Don Carlos, alojamiento escogido por numerosas personalidades de todos los ámbitos —y hablamos de Antonio Banderas o Julio Iglesias, Montserrat Caballé o la Baronesa Thyssen—, que a lo largo de los años lo han escogido para hospedarse en él. Hasta que llegó el 2020 y cambió de manos: la propiedad fue entonces adquirida por el fondo de inversión canadiense Brookfield Asset Management, que también se hizo con la empresa gestora, Selenta Group. Ahora, bajo su batuta y tras esta importante reforma, arranca un nuevo capítulo para la historia del turismo de lujo marbellí.
EL AMBIENTE
La amabilidad, profesionalidad y entrega por parte del personal de Don Carlos Marbella es abrumadora, y quizás sea una de sus bazas más importantes a la hora de hacer sentir a los huéspedes como en casa: tiene un don, el de la hospitalidad. Porque eso es lo que uno entiende cuando hace check-in en este pequeño paraíso del lujo discreto de la Costa del Sol, ese que huye de la ostentación y de los focos: es como un amigo al que se conoce de toda la vida; como un hogar que, al mismo tiempo, pone a nuestro alcance todo tipo de prestaciones para gozar de las vacaciones perfectas.
Gran responsable de este logro es el reforzado equipo de Guest Experience del hotel, aunque también influye, sin duda, los logros conseguidos tras la reciente reforma y su renovado interiorismo. Ahora, un inmenso ventanal añadido al extenso lobby, una de las joyas de del hotel, ofrece un primer contacto visual con el mar a modo de bienvenida a todo huésped. Esto hace que la luz cálida del Mediterráneo se cuele con fuerza y tome protagonismo en el espacio diáfano, donde los tonos claros, terrosos, de la gama cromática Mother of Pearl, se hallan presentes en cada pieza de mobiliario que han sido hechas, dicho sea de paso, a medida por el estudio del propio Jaime Beriestain.
Hay también plantas por doquier. Y flores frescas en cada rincón. Todo casa aquí: sus inmensas alfombras y la tapicería de sus cojines y sofás, el papel pintado de sus paredes, que recrea los elegantes bordados de los clásicos mantones de Manila, y el mobiliario andaluz del siglo XVII, que Beriestain ha sabido reinterpretar dándole un aspecto más moderno y divertido.
Porque todo deprende andalucismo a raudales, pero sin caer en tópicos. Abraza los orígenes de una región que desborda de personalidad, aunque dejando atrás lo clásico. Una inspiración que persigue al huésped incluso más allá de las instalaciones interiores: en torno a su piscina, flanqueada por el restaurante Sol & Sombra, los aires sureños vuelven a estar presentes con sus sombrillas y hamacas a rayas que tanto nos recuerdan a la Dolce Vita. Y esa es, precisamente, la clave: la elegancia con la que interactúan los diferentes elementos para hacer de ellos un todo absoluto. La más deliciosa perfección.
EL HOTEL
Para entender la manera en que se encuentra estructurado el Don Carlos Marbella, antes hay que atender a su arquitectura. Un modelo de construcción que representa con fidelidad la moda de los 70 y que, con la última intervención hecha desde el máximo respeto y delicadeza a manos de Beriestain, ha sabido jugar para crear nuevos espacios en los que lo de siempre y la novedad se abrazan con una sutileza maravillosa. Un lugar donde reina la serenidad, sí, pero donde está muy presente el lujo y el cosmopolitismo que busca su clientela.
El elemento más llamativo del hotel es su inmensa torre. Un espacio cuya verticalidad se admira ya desde la propia carretera nacional y que sobresale con gran ímpetu entre las demás construcciones de la zona, mucho más horizontales. Un edificio que ya causó sensación en sus orígenes debido a su diseño, pues se halla sostenido sobre cinco pilotis. A cada lado se añadieron sendos módulos que ampliaron en número la oferta de habitaciones. Hace 10 años, además, se construyó un edificio anexo, algo más independiente, donde se establecieron 24 residences. Todo esto hace que, en total, Don Carlos Marbella cuente con 308 habitaciones, 284 de las cuales se reparten entre habitaciones y suites.
Una escalera de mármol conduce, sin salir de la torre principal, hasta el universo gastronómico del hotel, que cuenta con un total de tres propuestas diferentes pero complementarias en las que saciar el lado más foodie de nosotros, sus huéspedes. Restaurantes de marcados sabores mediterráneos desde cuyas terrazas dejarnos abrazar, también, por esa brisa salina que nos recuerda que estamos, literalmente, a pie de mar. También, eso sí, a un salto de las frescas aguas de sus piscinas. Camas balinesas, hamacas y cabañas rodean aquellas enfocadas a adultos —dos en los dominios del hotel, y dos más en sus beach clubs—, mientras que una más pequeña, situada junto al futuro Kids Club —y a la proyectada piscina de toboganes—, está destinada a niños.
Entre senderos que se pierden por los frondosos jardines, y pequeños puentes de madera, se alza el Rafa Nadal Tennis Club, otra de las propuestas insignes del Don Carlos Marbella, ya que se trata del único centro de tenis —que no academia— que el jugador posee en España. Un espacio privilegiado, con vistas al mar, dirigido a clientes tanto internos como externos al hotel deseosos de recibir clases intensivas de este deporte de la mano de excelentes profesionales del tenis. Johann, uno de sus monitores, dedica toda su vocación y paciencia a convertir las horas en la pista —cuenta con 7 de tierra batida y 2 de pádel, para cuyo mantenimiento hay dedicadas cuatro personas en exclusiva— en un ejemplo único de metodología basada en la excelencia. Aquella de entrega y sacrificio que define al de Manacor.
El propio centro cuenta, además, con un espacio gastronómico, Break Point, y un gimnasio dotado de la mejor maquinaria de fitness. Detalles y propuesta que hacen del Don Carlos Marbella, en definitiva, uno de esos hoteles-destino que tanto nos gustan.
LAS HABITACIONES
Jugar con hasta 12 categorías diferentes en las que quedan repartidas sus 308 habitaciones —desde Habitación Comfot, Premium o Deluxe, a Suites, la exclusiva Penthouse Presidential Suite o las Don Carlos Residence Premiums, entre otras—, da para mucho juego, pues se adaptan a las necesidades de todo tipo de clientela.
Espacios en los que la privacidad es la que gobierna. Reinos de la intimidad más anhelada, siempre provistos de un servicio impecable y de instalaciones de primer nivel. No escatima la oferta del Don Carlos Marbella en todo tipo de comodidades para convertir la estancia de sus huéspedes en única, de ahí que los materiales utilizados en su reciente reforma sean todos de primerísima calidad. De esos que —insistimos— nos hacen sentir en casa.
Y hablamos de formas orgánicas, de piedra y maderas. También de rafia y de marquetería de paja. Todo ello combinado con indudable maestría a través de impecables juegos de tonalidades, textiles y texturas. Grandes ventanales permiten que por ellos se cuele la brisa marina sin importar la ubicación que tengan —una curiosidad del hotel es que, desde su origen, no tiene habitaciones con orientación sur y vistas directas al mar, pero sí de manera oblicua todas ellas contemplan el Mediterráneo—. También se filtran, los paisajes marbellíes, que lucen en las paredes como si de tapices se trataran.
Amenities de Natura Bissé aportan ese gradito de más en sus completos y amplísimos baños, donde el mármol está muy presente. El minibar luce vacío porque es personalizado: solo hay que pedir, y el atento equipo del Don Carlos Marbella se encargará de que los deseos se hagan realidad.
GASTRONOMÍA
Qué sería de unas buenas vacaciones sin tener asegurado el disfrute gastronómico: el universo del hospitality lo sabe y, en Don Carlos Marbella, mucho más, de ahí su fuerte apuesta por ofrecer una amplia carta de propuestas culinarias a sus huéspedes. Una lista de restaurantes y rincones sabrosones que, en los próximos meses y hasta 2026, no hará más que engrosar.
La experiencia gastro arranca cada mañana en el espacio de aires mediterráneos de Los Naranjos, donde un extenso buffet ofrece ricas viandas que disfrutar, ya sea en el salón interior del espacio, o en su agradable terraza con vistas a los jardines y al mar. Panes variados y chacinas ibéricas, platos calientes elaborados al instante o tentadoras opciones de bollería se complementan con zumos naturales y cafés. En lo que respecta al diseño, Beriestain ha querido mantener la riqueza de los materiales y del trabajo artesanal originales donde destacan las molduras de estilo mudéjar, pero añadiendo un toque personal a través de textiles y mobiliario, que recuerdan a la elegancia de las brasseries parisinas.
Los pájaros que revolotean por las zonas verdes del hotel siguen acompañando incluso a la hora del almuerzo, cuando el foco se pone en Sol & Sombra, el restaurante de la piscina, donde se disfruta de un ambiente de lo más relajado. Una carta fresca y ligera alegra la jornada con recetas en las que no faltan las verduras de la tierra ni los pescados de la costa malagueña, pero tampoco propuestas como su fabuloso Sándwich Club.
Al caer la noche, las cenas vuelven a ser servidas, bajo una tenue y cálida iluminación, en Los Naranjos. ¿Imperdibles? Su lomo de rodaballo a la brasa con salsa bearnesa o la tagliata de lomo alto al estilo mediterráneo. En el Tennis Center, Break Point es una cafetería que apuesta por snacks saludables y zumos naturales durante todo el día. Pero, ya te lo adelantábamos: hay mucho más por venir. Y en breve abrirá en el patio andaluz que gobierna el corazón del edificio principal Campari by Manero, un pop up que será la antesala del restaurante que Manero inaugurará el próximo 2026. Para completar la oferta gastro, el próximo año llegará al Don Carlos Marbella un emblemático restaurante asiático que traerá sabores de oriente a los jardines del hotel.
SPA
Imagina arrancar el día recorriendo un completo circuito de aguas con el que activar cuerpo y mente y recargar energías. O, mejor aún: despedir una jornada de piscina o playa —para gustos, colores— con un tratamiento exclusivo en manos de las terapeutas más profesionales que se puedan imaginar. Todo esto y mucho más está al alcance de la mano en el renovado spa de Don Carlos Marbella, un espacio amplio —y cuando decimos amplio, no bromeamos: 1.600m2 ocupan sus instalaciones— dotado de una deslumbrante recepción. Con acceso a la última tecnología, es el lugar idóneo para quienes ansían unas horas de relax probando sus piscinas de contrastes, su baño de vapor o su cabina de aromas. ¿Será por opciones?
Además, la zona wellness se halla bajo el sello de Natura Bissé, cuyo compromiso con el bienestar es más que reconocido y cuyos productos son la base de este templo destinado al cuerpo y mente. Lo único difícil será saber por cuál de todas las opciones de su carta decidirse: ¿apetece más un tratamiento revitalizante, o un masaje relajante? Una apuesta segura para liberar tensiones y desconectar... Al menos, durante unas horas.
BEACH CLUBS
Cabe recordar que estamos en Marbella, capital de la Costa del Sol, esa que vive de cara a sus playas y a las refrescantes aguas del Mediterráneo. En otras palabras: no hay verano en este paraíso sin su correspondiente beach club. Por eso, Don Carlos Marbella ha decidido apostar doble a ello, y este año vuelve con aires renovados también a pie de playa: ya sea en el pop-up Lucía Summer Club 2025, o en el histórico Nikki Beach, lo que está claro es que la diversión está asegurada.
El primero de ellos estrena concepto este año en el sur de la mano de Nikki Beach Hospitality Group tras ser inaugurado en 2024 en Cannes. Un espacio que invita al relax, al disfrute sosegado, cóctel en mano, tanto de su oferta gastronómica como de las horas de sol tumbados en sus confortables hamacas, no importa si son las que se hallan frente a la orilla del mar o las que rodean su piscina. Con un mobiliario —sombrillas y sillas, mesas, barra o cojines— diseñado en colores vivos que incitan a un verano alegre y sin complejos, Lucía augura momentos de pura felicidad.
Los mismos que se llevan viviendo desde que se inaugurara en 2003 Nikki Beach, uno de los mayores referentes en clubs de playa de toda la Costa del Sol. Sus djs amenizan cada jornada haciendo sonar la mejor música a todo volumen desde su tarima, provocando que cada rincón del lugar, cada pequeño espacio, desprenda una energía única que se contagia sin control. La piscina central es el lugar en el que ver y ser visto, aunque es desde la terraza de su restaurante donde catar una carta inspirada en sabores internacionales que no deja indiferente a nadie. Un fin de fiesta más que merecido para unos días de lujo en este pedacito de sur.